Prefacio

EL MÚSICO DE LA LLUVIA, ¡Ya a la venta!

La tarde en la que el piano volvió a Valldemossa, llovía. Una cortina de agua que no cesaba desde que el temporal había quedado atrapado entre los montes que rodeaban el pueblo. La celda de la Cartuja ya estaba dispuesta para albergarlo, en la misma estancia dónde había sido compañía de Frédéric. Las mismas paredes encaladas… escasos adornos. Atmósfera de recogimiento y silencio sólo interrumpida por el constante tañer de la lluvia sobre los vidrios de la ventana. Tal y como había pasado aquella noche, tantos años atrás, antes de que tuvieran que precipitar su partida para tratar de esquivar a la muerte.  

 En aquella ocasión el Pleyel viajó también hasta Palma, pero tuvo que ser vendido para evitar otra carga de aranceles. Una nueva vida condenado al tacto de manos torpes, lecciones tediosas y a servir de mero soporte a un jarrón con flores y dos candelabros de bronce. Un mueble más en la cotidiana soledad de aquella sala de invitados.

 El trasiego que estremecía la celda paró abruptamente cuando el instrumento terminó de ser nivelado, sacado brillo y afinado. Una noche oscura y fría y, sin embargo, extrañamente conmovedora. Tras casi noventa años de larga espera, el legado de Chopin quedaba protegido de nuevo por los muros dónde todo había comenzado.

 

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